Canción del samurai (2004)

Canción del samurai


Canción del samurai

Ediciones del Dock, colección Pez náufrago, 2004.

Diseño de tapa: Mariano Cornejo.




Mosca en Iwo Yima



Y bien, aquí por fin - sajado por el vientre

en un pozo de carne - frente a la noche que llega.


Mas no todo lo real - fuera amargo, ni caos

el resplandor brutal - de la belleza. ¿O fue


bajar de los barcos, - injuriando entre la horda

burda de los borrachos, - un esplendor incierto?


¿impreciso, ese miedo - contra el ávido humo

de los otros, humanos - como vos y más que vos?


Nada de este cielo ajeno - se me aparece ajeno

ni siquiera esta mosca - que zumba igual que un tanque.


Y es una voz tan tierna, - familiar, lo que llega,

un jolgorio de hijos - y extraordinario amor.


Quiero apurar el fuego - final de mi tabaco:

el día se fue viviendo con furia


atado

a las explosiones

de la tierra,

barro

de oro

hacia las estrellas...



Cediendo en Baltimore*



Calme bloc ici-bas chu d’un désastre obscur

S. M.



A garrote llovido - tanta golpiza pule

tu sonrisa deforme.- Estás cayendo a tierra

como si lo desearas, - a la borra del día.


Pero qué más, entonces, - con la rígida furia

de lo real. Está visto: - no todo fue bajar

de los trenes, buscando - el sol de la palabras,


algo más agrio y ruin - había en la taberna

donde el azar ocurre. - Y por qué todavía

seguir en el umbral - de la noche más pura.


Las manos de Virginia - no pulsarán de nuevo

tus mejillas ardidas - y aun esa vieja culpa

ya clausuró el milagro - para tu honor sombrío.


Cada puño en el aire - es un latido absurdo,

otro chasquido inútil.


Vengan recuerdos, pasen - ahogándote en hilera

pero que el suelo llegue, - a vos, que fuiste huyendo,

en vano huyendo siempre - de la imaginación.



para Eduardo Méndez.


*Por alguna razón, Edgar Allan Poe que iba a Filadelfia bajó en Baltimore. Sus pies lo llevaron a una taberna. Allí se produjo un altercado y le pegaron duro hasta dejarlo tendido. Fue su última noche. Jamás llegó a Filadelfia.



Coro



La prolijidad, desdichado lector,

no se corresponde con la índole

de mi carácter. Me maldispone

trabajar de prólogo (amén

de este atavío arlequinesco).


Digo: como pueblo

soy una caricatura del primer mundo.

Debiera componer un mundo, ¿no?


Ahora salgo para advertir una razón:

la melancolía no era el único pasto

de las aves. Comedia o no,

cada quien arrastra el trayecto de su risa.


Lo supo Aristófanes, frente a la amargura

ateniense; y el inefable Fidel Pintos,

cuya fealdad sin palabra

nos consolaba de nosotros mismos.


Está dicho: para un pueblo joven, lo risible

compromete innumerables músculos.



La última de Vito Nervio



Una mañana de un día cualquiera

descubriste tu condición de cómic.

Se te ablandaron los puños, Vito:

el orden inmortal no te correspondía.


A más –y esto es lo grave– tu jopo

de rudo cocoliche estaba tan atado

al vaivén de otra mano maestra

como los mohínes de tu misma cara.


Ya era inútil buscarse en los espejos

del papel y la tinta; sin misericordia

el tiempo te derretía y cobraba peaje.


Sombra, afán, ahora comprendías

que el adversario es infinito. Y no bastan

tu sagacidad y trompada de acero.



El conde encomia el guardarropa



No tema, señorita, acabo de arreglar

mi extenso guardarropa. Los siglos

no trabajan en vano, poseo colmillos

de todos los estilos, indoloros.


Créame, la tradición opera sobre mí

con maestría. Primero es revoleo

de capa; después, civil genuflexión

tomándole suave la muñeca. Esta


maniobra dieciochesca –me apresuro

a decirle– presenta inconvenientes,

pero es tan fina, como si ud. no viese.

Eso sí, debo calzar la tosca rodillera.


No tema, tengo todas, de todos

los modelos y afanes que existieron.

Mi preferida es la de Mussimessi,

el arquerito cantor de quien también bebí.



Padre, doctor



No sé si sus propósitos son nobles:

hizo de mí un hazmerreír, un monstruo

como experiencia nueva de lo humano.

Su poesía soy yo, alguien de verdad fatuo.


Todo está bien, padre, a no ser el hedor

al mediodía, cuando los retazos

supuran, y no hay gorra que sujete

este frontis desmesurado, malcosido.


Padre, doctor, yo ignoraba, al abrir los ojos

aquel día del rayo fundador, que el ego

es ilusión y se pudre con los pasos.

Ser único no es ser dueño de sí mismo.


Aún me impulsa su afición neobarroca,

pero estoy hueco, padre, mi narcisismo apesta.

Para un hijo, doctor, aullante en las estepas...

¿no conoce de alguna pomadita?



Protesta del fakir



No te me acerques, nene, -¿no ves?, esto es un arte.


¿Cómo que soy boludo? - ¿Te parece tan poco

vivir aquí sentado, -desnudo, hecho una estatua?


Tuerzo la boca, sí… -No quiero que me vean

hablando con un chico – mientras hago lo mío.


¡Las formas de la vida! – Posturas increíbles

para extrañar al mundo: - poses que harán historia.


¡Nada que ver! Payasos – son señores de circo,

tan respetables siempre. – Lo mío es milenario.


Nada me duele, nada. - ¡Un clavo es el dolor,

no esta alfombra de clavos, - la patria de mi orgullo!


¡A mí, a mí me importa! – Así es el arte, pibe.


No te me acerques, dije. - ¿No toques el turbante,

mirá que tiene caspa. - ¿Dónde está papi, nene?


¿Vos no vas al colegio? - ¿No te dijeron nunca

qué feo es escupir? – Las maneras urbanas…


¡Qué mocoso siniestro! - ¿Te parece bonito

decir esas palabras – delante de un anciano?


Reíte, sí, reíte, - ya vas a ver mañana

cuando el país te cague – y seas jubilado.


Andá, tenés razón, -soy un viejo de mierda…

Pedíle a tu papito – que te compre pochoclo.


Andá, que estoy cansado.- El aire es libre, nene.


Quiero vivir un poco.


Por Dios, esto es América.



para Jorge Rivelli




De labios del pitufo Enrique



Esta grosería ancestral, no creas,

no es otra cosa que escenografía.

La maldición, el grito impertérrito,

los lugares bizarros: caños, aljibes,


molinetes de imposible equilibrio,

una burda puesta en escena. Mis

poderes reales son otros, no el susto

menor o la matraca en llamas.


No te confundas. Hasta donde se

y mi deformidad distorsionada

lo permite, la pasion literaria

malgasta toda verdad probada.


Entonces, a qué tu llanto, querida.

Vámonos con Pancho Villa, amor, otro circo

donde cualquiera nos tome de la mano.



Ay, nono



1


El viejo agita su matraca

desde el catre del patio.

Que viva la revolución,

que Juan Domingo viva

grita, y gime y se babea.


¿Qué queda del ayer?


Si ahora mira con furia

y me escupe despacio:

Sos un nieto de mierda,

fuiste un nieto de mierda...



2


De lejos, de muy lejos,

semejante a un recuerdo,

se baja los calzones.

Traza lenta en el aire

la V de la victoria.


Victoria, ¿qué victoria?


De pronto se da vuelta

y aúlla como un niño.

Hay algo extraño en él,

hendido, masacrado,

tan real como un sueño.



Operita



Mefistófeles se agrieta

peludo de rabia,

porque Fausto no acaba

de emitir un eructo,

-Qué historieta confusa...

si Satán conduce el baile


Ahora Margarita,

toda una signorina,

ronca su fofo amor

por un puto alhajero.

-Qué vidita deforme...

si Satán conduce el baile.


Sólo Siebel dignísimo

revuelve en la basura.

Ya se comió el honor,

los telones, los codos...

-Y hasta la misma música...

Sí, sí, Satán es conducción.




Malambo para embajadores


-silogismo nacional en figuras-


Taco con punta, talón.

Taco con punta, talón.

Taco con taco, taco con taco.

Taco con punta, talón.


Homenaje a la bandera.


Ponchito ponchí,

ponchito ponchí,

ponchito, ponchito,

ponchito ponchí.


Vitoreo.


Talero pa’rriba, talero pa’trás.

Talero, talero,

talero, talero,

talero pa’rriba, delante y detràs.


Zapateo americano.




Atardecer en Puente Márquez



Gaona era de tierra entonces…

A la izquierda se alzaba el paradero

donde se reunía la humanidad

conspicua del lugar: quinteros y linyeras.


Cuánta gloria en cada atardecer.

El olor a eucalipto lo invadía todo

con persuasión invariable, lo mismo

que el rojo derrumbándose al oeste.


Parar ahí se parecía a comprender.

La Tierra era un planeta ingrávido

donde no aflojaba el honor de estar vivo.


Si hasta los perros ladraban ganosos

cuando pasaba la chata de Ortuño.

Ahora hay una ruta, nada más.



para July y Marcelo Ortale




Cuestiones de la selva



1


Ahora recuerdo cómo abrías la cerca

con tu enorme cabezota. Eras tierno,

Tantor, toda vez que me avisabas

la llegada de ella con la mona Chita.


La cuestión marital en el reino selvático

se puso overa. Peor que una madeja

de lianas, descubrir el fondo inextricable

de su habla. Hacía rancho aparte.


No es fluido mi cristiano para explicar

las cosas. Recordarás mi parca educación,

mi no servir sino para la hazaña ágil.


Aquí, en el geriátrico, me hacen

homenajes. Pero qué peleas, Tantor,

en aquel tiempo, viejo, cuánta lucha.



2


Si te lo dije siempre, Chita, él

tiene algo de payaso. Es un acróbata.

Antes era el campeón de la liana,

y por eso lo quiero. Y él me quiere.


El tema es que ahora quiere volver,

dejar la silla de ortopedia y anda

de nuevo con el asado de cebú.

Puede gritar lo que quiera. No lo oigo.


¿O quién pensás que paleaba la bosta

de Tantor? ¿Quién plancha todavía los pañales

que pretende pintados de leopardo?


Lo pasado pasó y somos otros.

Chita, ¿me oís? ¿O te agarró el viejazo?

El amor tiene tanto de heroísmo…



para Pía y Roberto Malatesta




Monumento



Viandante que aquí pasas,

sácate el gorro y ponte la capucha,

este es el monumento, el luto

por la carabina de Ambrosio.


Pistolas, pistolones,

haced el gesto, disparad

al firmamento luces de rocío.

Oh cohetes radiantes a la atmósfera.


Malgrado le pese a Lanzarote

y a los doce de la tabla

viénese la noche. El agujerito solo

de Bartolín no sorteará la rima,


está a un tris de estar antiguo,

ser cosa de otro tiempo. Hagamos

del lacerío, virtud. Viva, decid,

el vanguardismo retro,


las siete maravillas y las

pirámides de Egipto:

cuanto más añejas mejor.

Que viva el clasicismo.



Cosas de Nemo



¡Profundidad de periscopio! ¡Máquina

en reversa!: hay un pedrusco a doscientas

yardas. Por lo demás, el océano

nos trata bien, hoy por hoy, chicos.


Trabajen duro, es la salvación.

Cuando suene la chicharra, los llevo

a caminar por ahí con la escafandra.

Lo extraño es que no haya noticias.


¿No saben si contestó el pulidor

de cubierta? Hace casi tres años

que lo llamo sin respuesta. Tal vez

estemos un poco solos. Acaso


mucho. No importa, nuestro país

florecía nomás ayer, cuando lo dejamos.

Ya llevamos diecinueve mil leguas

y este viaje prontito se termina.




Y la boca me dijo*



Will yearley celebrate my second birthday

J.D.


No llores, nadie oye. - Del cielo de la isla

no queda casi nada. - La mañana está cerca.


No llores, no te quiebres. - Si cada uno es siervo

de lo quiso ser. - La noche ya termina.


No te arrepientas, digo, - vas a cruzar el río

como se cruza un sueño. - Celebrarás tan pronto…


¿Qué importan que hayan dicho - lo que dicen que dicen?

Lo tuyo fue algo más - que las pobres palabras.


Brillen, brillen sin término - las hachas de la fiesta,

gocen tu vejación - hasta el duro apogeo:


cada fuego de luz - es una luz imbécil,

la terca tiranía - de una mente deforme.


¿Que triscaba la oveja - pasto hasta la raíz?

¿Que mudan de opinión - de parado a sentado?


y bien, qué más te da, - tu ilusión era el alba.

Pronto celebrarás - un nuevo nacimiento.


La música está hecha, - queda escrita en el agua,

en el color del tiempo, - sin pulso de codicia.


Hubo que ver y verse - colgado de los árboles

para cruzar las sombras, - las efímeras sombras.


La noche es esta boca - turbia que te mastica,

aunque haya luna ahora - como para unas bodas.


Vas a cruzar el río - y también la esperanza

en nave de dos filos. - En nave de dos filos


de golpe, con el viento, - vas a cruzar tu rostro:

el deseo de ser - que pide lo imposible.


Llegaste a lo más tenso, - al centro de la herida.

No desesperes, - sólo un reino nos hiere.


Moro móriae, dónde - está tu honor ahora,

vos que sentiste siempre - su gracia sobre el hombro.


Algo abisal te llama. - Hacé crujir el seso

hasta encontrar el chiste - hundido en la mollera.


Si tan cerca, en la furia - del alba (oí, oí

el aire atruena afuera)

absurda majestad, - sonriendo entre caries

vas a tirarte

y rodar de cabeza.


para Enrique Butti


* A Tomás Moro le cortaron la cabeza por haber mantenido su palabra. Tal vez su santidad esté en su humor y en su silencio; alguien que combinó política y escritura, con una mente deslumbradoramente abierta.



“El atómico” declara su deseo



Dejo dicho, en caso de no atinar al piletón,

que lego mi flamante casco de corcho

a Agustín, y también las antiparras.

Para Isidro, el overol de loneta reforzada


amén de la flexible bigotera del abuelo.

Para Julieta el maillot, que aunque gordo

y con costuras, ella sabrá ajustarlo.

Para Román, el capirote de hule y los botines


que trajinados y todo, aún son de largo uso.

Para Lucía, el arnés y la mochila de lastre

que habrán de serle fieles para acunar los hijos.


A la señora, en cambio, mi dama, testo y dejo

que me dejo de joder con estos trastos,

Los amo, amigos, porque hicieron el significado.